No era un día más, ese sábado lo había estado esperando porque después de varios meses volvía a disputar un torneo de tenis. Al poner un pie en el club empecé a sentir esos nervios que hacía rato no sentía. Deje el bolso a un costado y firmé la panilla de inscriptos, poco a poco iban llegando el resto de los jugadores, al mismo tiempo en que una leve llovizna caía sobre las canchas.

Cerca de las diez de la mañana se realizó el sorteo del cuadro principal, para esa hora la lluvia había aumentado su intensidad, lo que provocaba grandes charcos en algunos sectores de las canchas. Media hora más tarde el organizador del torneo, personaje clave en esta historia, pegó en una cartelera la hoja con los partidos de primera ronda. Me acerqué a mirar y casualmente veo que me toca un rival zurdo, algo totalmente irónico. Casualidades al margen, el jugador al que me tocaba enfrentar había accedido al torneo por como se lo llama en el mundo del tenis, wildcard o invitación especial por parte de los organizadores. Es que este chico es socio del club y frecuenta los fines de semana por lo tanto lo tenia bien merecido.

Como la lluvia no cesaba, jugadores, entrenadores, padres entraron a la confitería del club, yo también entré para comer algo porque había desayunado poco. Otros tantos se resguardaron bajo un techo. Una hora más tarde el sol había salido y la gente de mantenimiento intentaba sacar el agua de las canchas. “Si todo va bien, en una hora largamos los partidos” dijo el organizador. Además aseguró que como la lluvia había retrasado parte del torneo, en caso de que los partidos lleguen al tercer set, se jugaria un super tie-break a 10 puntos para decidirlo.

Efectivamente en una hora entré a la cancha, pero anteriormente me encargué de averiguar como jugaba mi rival. “Es bastante rápido, no le pega muy fuerte, pero sus golpes tienen buen ángulo”, me dijo un muchacho rubio de barba crecida que ya lo había enfrentado en dos ocasiones. En el peloteo previo al partido, confirmé lo que me habían contado. Por lo que decidí que mi táctica sería salir a jugar con tiros potentes para que no pueda sacarme de la cancha con sus golpes angulados. Sin embargo me di cuenta de que mi estrategia no servia cuando perdí el primer set por 6 a 1.
Mi idea de juego no era mala, pero al estar la superficie húmeda por la lluvia hacia que el polvo de ladrillo se hiciera aún más lento, por lo que la potencia de mis golpes se veía disminuida. No le encontré la vuelta al comienzo del segundo set en el que iba perdiendo 3-0 cuando la lluvia se hizo presente una vez más, como se dice en el boxeo, me salvó la campana.

Esta vez se desató una tormenta por lo cual la jornada del día fue cancelada y todos los partidos quedaron para primera hora del domingo. Después de dormir pensando en como jugarle al zurdo, me desperté y fui para el club. Era un día de sol, por lo cual si algo volvía a salir mal no iba a ver lluvia que me salve. Nada cambio los primeros dos games en donde quede 5-0 abajo en el marcador. Entonces arriesgué mis últimas fichas, el zurdo empezó a equivocarse y yo a sumar aciertos, increíblemente me llevé el segundo set por 7-5.
En el tercero, el super tie break comencé mal como los anteriores, tanto que llegué a estar 9 a 5 a favor de mi rival, con cuatro match points en contra. No se si fueron los nervios o que, pero mi rival cometió tres errores infantiles, quedándole solo un punto para partido. Punto clave. Primer saque mio que queda en la red, con toda la presión saco el segundo que va muy justo sobre la línea, mi rival impacta la pelota que se va lejos. Sin embargo me marca que la pelota se fue afuera, a lo que le respondí que en todo momento tuvo intención de jugar la pelota, por lo que me dio el punto. Otro buen servicio mio y un nuevo error del zurdo me dieron la ansiada e inesperada victoria.

Pero no termino ahí, al salir de la cancha el organizador del torneo, que resulto ser el entrenador de mi rival, vaya sorpresa, me dijo: “No podes hacer lo que hiciste, si él marcó la pelota afuera ya está”, yo le respondí que tuvo intención de jugarla, pero no dijo nada dio media vuelta y se fue. En fin la vuelta a los torneos fue un tanto más complicada de lo que suponía, pero la alegría de haber sumado una victoria tranquilizó la ansiedad.