Esta semana varios argentinos entre los que se destacan Del Potro, Nalbandian, Mónaco, Chela entre otros buscaron alcanzar la segunda semana en el último Grand Slam del año. Mientras tanto en nuestro país muchos jugadores jóvenes sueñan con llegar algún día a ese lugar de privilegio. Pero no es para nada sencillo, el primer nivel que deben superar son los torneos nacionales de profesionales, los llamados Top Serv.
Son los torneos que dan puntos para el Ranking Nacional de Profesionales, el cual sirve para poder entrar en las clasificaciones de los Futures, los torneos que dan puntos para el Ranking Mundial.
A las nueve de la mañana y acompañados por ráfagas de aire frío comienzan a llegar al club los primeros tenistas con sus bolsos gigantes, bien abrigados contra la baja temperatura, para registrar su firma en la planilla de inscriptos.
Algunos llegan en grupos de cuatro o cinco jugadores acompañados por un profesor del centro de entrenamiento donde practican, alguno que otro, sobretodo los más jóvenes llegan acompañados por su padre o madre, y también están los solitarios que llegan sin entrenador, sin acompañante.
Tampoco faltan los que entran corriendo al club apurados para firmar así no quedan fuera del cuadro principal.
A las diez en punto cierra el registro y la mayoría de los jugadores entran a las canchas para entrar en calor. Los que entrenan juntos copan una o dos canchas mientras su profesor les da indicaciones y consejos. Estos participantes se repiten todas las semanas por lo cual se conocen y arreglan entre ellos para la entrada en calor. Sin embargo, alejado de las canchas se ve un frontón, en él dos tímidos jugadores ensayan sus golpes.
Otros directamente ni practican, son los preclasificados, los de mejor ranking, que saben que el cuadro no se completará y gracias a ello tendrán la primera ronda libre. Estos tenistas caminan con aires de sobrador, como si acabaran de ganar un Grand Slam. Miran con desinterés a quienes se ponen a punto para la primera rueda.”Se creen que son Djokovic o Nadal”, dice el padre de un muchacho de ojos saltones, como si estuviera todo el tiempo sorprendido.
De a poco las canchas se van despoblando, y los jugadores se van acercando a la casilla y miran fijamente la puerta como esperando que algo suceda. Se puede notar caras de nerviosismo, otros los que están en grupo que bromean a un muchacho alto que acaba de acercarse diciéndole que le toco una primera ronda complicada. Se escucha que uno dice: “Vengo teniendo una mala leche en los sorteos, voy a rezar para que me toque una primera ronda accesible”.
Tan solo cinco minutos más tarde salió por la puerta la organizadora con el cuadro principal en su mano.
A continuación empezaron a jugarse alrededor de quince partidos al mismo tiempo. Claro que no hay árbitro para todos los partidos, aunque hay un señor bastante mayor va recorriendo todas las canchas y oficia de juez si algún participante solicita revisar la marca de algún pique. Aunque no se sabe que tan confiable puede ser su veredicto.
El señor mayor posee unas gafas gigantes, poco convincentes para revisar con efectividad una marca. Incluso a tan solo media hora de comenzados los partidos, comete su primer error. Un tenista insulta y lanza su raqueta contra el suelo, el juez se da vuelta y se acerca a la cancha para advertirlo, pero su aviso es para un joven de baja estatura que esta en la cancha contigua. El mismo mira sin entender bien y le dice: “No fui yo, fue en la otra cancha”, mientras busca la mirada cómplice de su rival quien en un buen gesto le confirma al señor mayor que fue en la cancha de al lado.
Quince partidos, treinta jugadores, sólo tres son zurdos y como si eso fuera poco, dos de ellos se enfrentan entre sí. Así es un primer día típico de este tipo de torneos que sirven para ver quien pinta para ser alguien el mundo del tenis.